Cuando pensamos en un niño, generalmente, lo primero que se nos viene a la cabeza es la alegría, lo auténtico, la ausencia de responsabilidades, la despreocupación, la felicidad… ¿Es esto real?. No.

Desgraciadamente hay muchos niños con ansiedad. Desde el nacimiento, el niño se enfrenta a innumerables estímulos que le provocan placer o dolor. Se tiene que adaptar a diferentes situaciones y personas. En las primeras etapas del desarrollo, el niño está centrado en el adentro, en sus necesidades. A partir de los 2-3 años, empiezan a centrarse en el afuera, en lo que se espera de ellos.

Los niños, tienen la capacidad de asimilar TODO lo que está ocurriendo en el ambiente. Cuando digo TODO, me refiero a aquello que no se dice.

¿Qué síntomas tienen los niños con ansiedad?

  1. Nerviosismo, alteraciones en el ritmo cardíaco, mareos, dificultad respiratoria.
  2. Angustia: Suelen identificarla como «dolor de tripa»
  3. Pensamientos negativos: aparecen miedos, pensamientos de indefensión, imaginaciones negativas.
  4. Baja autoestima: sienten que no son capaces de asimilar lo que está pasando. A veces no saben qué les ocurre. Empiezan a tener una visión de sí mismos como incapaces.
  5. Cambios en la alimentación: Pueden pasar de no querer comer nada a los típicos atracones.
  6. Excesiva sensibilidad: Pueden llorar mas, o estar mas agresivos, todo les molesta.
  7. Aislamiento: No quieren relacionarse, prefieren estar en casa en soledad.
  8. Movimientos o tics nerviosos: son las llamadas «ecolalias«. El niño libera el nerviosismo a través de movimientos repetitivos.

¿Cómo podemos ayudarles?

Lo primero, acudir a un profesional para que identifique la raíz del problema. Debajo de la situación que haya provocado la ansiedad, siempre, están los padres. Hay que trabajar conjuntamente con la familia para delimitar el problema y desarrollar un plan de tratamiento.

Consejos para ayudarles a no padecer ansiedad

  1. Tener un rato todos los días para hablar de cómo ha sido el día y cómo se han sentido.
  2. Identificar emociones: ayudarles a entender que las emociones son pasajeras y que dependen de lo que pensamos.
  3. Ayudar a «sacar los pensamientos negativos»: hacer una caja de preocupaciones. Escribir en un papel lo que me preocupa, leerlo y meterlo en la caja. Ponerla en algún lugar de la habitación. Cuando ya no nos preocupe el asunto o no nos acordemos de ello, sacar el papel de la caja. Es una buena fórmula para que ellos se den cuenta de que las preocupaciones se pueden sacar afuera de nuestra cabeza. ¡Nosotros podemos controlar lo que pensamos!.
  4. Enseñarles a respirar con la tripa: al acostarse, hacer con ellos unas respiraciones profundas, poniendo la atención en cómo pasa el aire por nuestro cuerpo y cómo se hincha la barriga como un globo.
  5. Llevar la atención al presente: Escuchar los sonidos de mi cuerpo para conectar con lo que está ocurriendo aquí y ahora. Esto les ayuda a poder estar en este momento y no perder el tiempo con el pasado ni con la angustia del fututo y sobre todo…

MOSTRADLES CADA DÍA QUE LES AMÁIS TAL Y COMO SON POR LO QUE SON Y NO POR LO QUE HACEN: Da igual cómo sean. El mensaje debe ser: te amo y te acepto tal y como eres.


Mariam Mascías. Emerge Psicólogos