Poco hemos avanzado desde los años 70 en lo que a las fases de la sexualidad humana se refiere, pero en la actualidad sí que existe un consenso acerca de las mismas. Éstas son: deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Fases de la sexualidad humana.

Todos, tanto hombres como mujeres, pasamos por las diferentes fases. La única que durante el proceso nos podríamos llegar a saltar, principalmente nosotras, es la fase de deseo. Tal vez, la fase de deseo, es la que más diferencias tenga entre hombres y mujeres. Las mujeres inician con mayor frecuencia actividades sexuales sin haber experimentado antes deseo. La intimidad con su pareja y el acercamiento sexual hacen aparecer el deseo junto a la fase de excitación. Además, los estímulos que conducen al deseo sexual son distintos en hombres y en mujeres. En los hombres las fantasías sexuales (estímulos internos) son más frecuentes que en las mujeres. Y en cuanto a los estímulos externos, ellas se fijan más en el contexto (clima, lugar,…) que ellos.
Otra fase dónde existe una diferencia que no podemos obviar es en la fase del orgasmo. Hoy por hoy es un hecho constatado, por varios autores, la capacidad multiorgásmica de la mujer. El problema, hoy en día, es la presión que tanto hombres como mujeres sienten a la hora de tener orgasmo en todas sus relaciones sexuales. Ni todos los encuentros sexuales son iguales, ni en todos debemos realizar el coito, ni estamos obligados a tener orgasmo.

Claves de la sexualidad femenina.

Cuidar el contexto es importante para el deseo sexual femenino. Un ambiente relajado y un inicio pausado harán con mayor probabilidad que la mujer quiera tener sexo. Aunque esto no significa que siempre tengamos que tener este tipo de comienzos. Iniciar las relaciones sexuales acariciando directamente los genitales es algo que le encantará al hombre pero no necesariamente a la mujer.

Cualquier mujer puede experimentar varios orgasmos en una misma relación sexual, esto es lo que se conoce como multiorgasmia. Pero dependerá de muchas cosas: de la confianza con tu pareja sexual, de la libertad que te des a ti misma para sentir y del conocimiento de las sensaciones fisiológicas de tu cuerpo (las sensaciones que aparecen antes del orgasmo y que te indican que se va a producir). La mujer, además de ser multiorgásmica, puede tener orgasmos mediante la estimulación tanto del clítoris como de la vagina, orgasmos totalmente distintos y ambos maravillosos.

Por suerte, cada vez más, el hombre se preocupa por el placer que proporciona a su pareja y la mujer ha vivido una liberación sexual que le ha permitido disfrutar más de su cuerpo y de su sexo. Esto es una gran noticia para ambos sexos, puesto que ya hemos hablado de que la mujer puede iniciar relaciones sexuales sin experimentar deseo previo. Si tiene una pareja que sabe despertar en ella esa iniciación y socialmente, con cada generación que pasa, nos vamos pareciendo más hombres y mujeres; la mujer se convierte en igual de activa que los hombres para vivir y disfrutar su sexualidad.

Un aumento exponencial del deseo sexual son las experiencias sexuales satisfactorias previas. Cuánto más sexo tengo, más me conozco a mí misma y más probabilidad tengo de tener buen sexo. Y estas relaciones satisfactorias reforzarán el hecho de desear más otros encuentros sexuales, además de liberar mayor cantidad de endorfinas y oxitocina en mi torrente sanguíneo que me harán sentir más feliz.
Esto explicaría esas etapas en las que aumentamos las relaciones sexuales y cuanto más lo hacemos más queremos.

Vive tu sexualidad como quieras, no es necesario llegar siempre al orgasmo ni tener orgasmos múltiples. Tampoco es necesario tener siempre relaciones coitales (con penetración). Toca, acaricia, abraza, besa y disfruta a tu ritmo y a tu manera. 

Maribel Manso

Emerge Psicólogos