La ociofobia es un miedo irracional a tener tiempo libre que nos provoca ansiedad y estrés. Cada vez hay más casos de este trastorno, y alcanza sus máximos niveles en verano coincidiendo con las vacaciones, donde todos esperamos disfrutar ese tiempo tan esperado de descanso y diversión en lugar de sufrir.

¿Sabemos no hacer nada?

Vivimos en una sociedad consumista y globalizada en la que se nos impone que tenemos que hacer y producir. Nos inculcan la falsa idea de que debemos de tener una vida ocupada, con muchas actividades porque si no es así, no tenemos tanto valor personal.
Por lo que acumulamos trabajo, cosas que hacer y tareas a lo largo de nuestro día a día, quedándonos casi sin unos minutos para no hacer nada. Por ello mucha gente desarrolla lo que hemos denominado como ociofobia o miedo al tiempo libre.

¿Cómo son las personas ociofóbicas?

Las personas ociofóbicas sienten un gran vacío interior cuando se ven en una situación de tiempo libre, que lejos de generarles disfrute y bienestar, les provoca una enorme ansiedad.

Además de ansiedad, estas personas tienden a sentirse muy culpables, como si esa libertad o ese tiempo para el goce no les fuese merecido o como si estuvieran perdiendo un tiempo que podrían invertir en algo más productivo.

Las persona ociofóbicas sienten un intenso temor a la posibilidad de sentir aburrimiento. Eso les supondría algo intolerable, que les generaría malestar y que les recordaría continuamente que no están haciendo nada productivo principalmente en vacaciones.

¿Por qué se agrava en verano con las vacaciones?

La ociofobia se manifiesta como un doble filo, por un lado la ansiedad aumenta cuando no tenemos nada que hacer y paralelamente, si el ocio que estamos teniendo no está lo «suficientemente disfrutado» o colmado de «excitantes experiencias», surge un sentimiento de frustración donde la autoestima y el autoconcepto se ven mermados. Esto es así, ya que nuestras expectativas acerca de nuestras vacaciones son muy elevadas.

En consulta no paro de ver casos donde las vidas aceleradas que nos marcamos no nos dejan ni un minuto para estar con nosotros mismos, y ante un sencillo ejercicio de no hacer nada durante un breve periodo de tiempo al día (minutos), nos encontramos a nosotros mismos desesperados ante la inactividad. Hasta un breve periodo de tiempo de espera lo ocupamos mirando o jugando con nuestro smartphone. Esto unido a las redes sociales, donde mostramos a cada instante las actividades que hacemos, nos hacen sentirnos con insatisfacción al no poder «mostrar» una vida con grandes experiencias en nuestro preciado y, paradójicamente ansiado, tiempo de vacaciones. ¿Qué te da más miedo, no tener nada que hacer o no hacer varias cosas lo suficientemente excitantes como para ser dignas de mostrar y contar?

 

Maribel Manso

Emerge Psicólogos