Y de repente mi respiración se alteró, el corazón se me aceleró, me sudaban las manos, mi cara ardía y mi estómago dio un vuelco… ¿Te suena? Todas estas afirmaciones son comunes a un estado de enamoramiento, reacciones físicas provocadas por reacciones químicas. Hoy te contamos la química del amor.

¿Qué le pasa a mi cuerpo cuando me enamoro?

El amor es una de las sensaciones más potentes que experimenta el ser humano. Es más adictivo que una droga y el estado de enamoramiento nos hace tener una percepción de la realidad fuera de lo común.

El amor libera dopamina (nos ilusiona), serotonina (nos hace estar más optimistas) y oxitocina (afianza los lazos), neurotransmisores y hormonas que nos hacen sentirnos agitados, a tope de energía cuando nos da el subidón. Al ser sustancias químicas y llegar a raudales a nuestro torrente sanguíneo, llega un momento en que nuestro cuerpo genera “tolerancia”. Ahí es cuando comienza el estado de habituación o estabilidad en la relación.

Hay muchas personas que al no sentir ese subidón, creen que el amor se ha pasado o que “ya no sienten lo mismo” por aquella persona que les ilusionó e hizo que su cuerpo generara toda esta potente química. ¿Qué es lo que pasa en realidad? La verdad es que sus receptores neuronales ya se han acostumbrado a ese gran flujo químico y para volver a sentir el subidón hace falta aumentar los niveles. Como podéis ver no es que estéis ante una crisis con vuestro enamorado o enamorada, sino que el cuerpo es sabio y adapta sus células para recuperar el equilibrio puesto que el cerebro necesita volver a sus niveles normales.

¿Y cuando llega el desamor?

Ya hemos visto que el cuerpo genera sustancias químicas que nos hacen volar, pero ¿y cuándo nos lo quitan de golpe? Ahí llega el desamor, o en términos más adictivos el “bajón”. La serotonina actúa sobre las emociones y el estado de ánimo. Es la responsable de nuestro bienestar, y al bajar en cantidad significativa, nos vemos sumidos en un estado de pena, tristeza y depresión. Nos rompen el corazón y duele, nuestro cuerpo sufre un “mono” que no podemos soportar.

Vistas así las cosas, ¿cómo no nos va a gustar enamorarnos?

Maribel Manso

Emerge Psicólogos