La exigencia es un programa mental que se transmite de padres a hijos. Nuestros padres nos lo han introducido en nuestra mente-ordenador cuando somos pequeños, con la buena intención de inculcarnos las ganas de desarrollarnos y de conseguir objetivos y metas. Pero estas buenas intenciones son dardos envenenados en forma de caramelos.

Los programas mentales empiezan a meterse en nuestra mente alrededor de los 3 años y el máximo apogeo en el programa de exigencia empieza a los 6-7 años. Estos programas se meten de manera automática e inconsciente, ya que el niño no está aún desarrollado y no puede valorar si estos programas son útiles o no. Cuando somos adultos, nuestra mente sigue funcionando con estos programas insertados y en la mayoría de las ocasiones, plantean problemas y dificultades.

 

¿CÓMO FUNCIONA EL PROGRAMA DE EXIGENCIA?

 

La primera mentira:

Es la que nos contaron nuestros padres y que a su vez les contaron a ellos es: “Cuando llegues a conseguir tal meta, entonces serás feliz”: Esta creencia irracional es la base de la insatisfacción permanente en el presente. La idea que subyace es: Tal y como soy ahora mismo, soy imperfecto: NO VALGO.

La segunda mentira:

Creemos que como aún no hemos conseguido llegar a la meta, no somos suficiente buenos, rápidos, inteligentes, guapos etc. Esto genera lo que llamamos en psicología: ANGUSTIA DE VALORACIÓN. La creencia instalada bajo esta mentira sería: “cuando consiga ser lo que se supone que tengo que llegar a ser, los demás me querrán, admirarán, valorarán…”

La tercera mentira:

La forma en la que nos terminamos de mentir, es cuando pensamos que la consecución de la META es lo principal. Esta es la GRAN MENTIRA. LO MÁS IMPORTANTE PARA SER FELIZ, NO ES LLEGAR A LA META, ES LLEGAR A TI. Esto significa que puedes ser feliz ahora mismo, tal y como eres. No hace falta llegar a ser otra cosa diferente de lo que eres ya.

Donde hay exigencia, no hay amor. Donde no hay amor, hay conflicto, guerra. Si estamos en conflicto, hay enfado.

 

¿Qué ocurre cuando pasa el tiempo y no logramos la META?

 

Bajo la creencia irracional de que nos querremos y nos querrán cuando hayamos logrado llegar a nuestra meta, vamos acumulando una montaña de fracasos, ya que nunca es suficiente y la meta en realidad, es un SEÑUELO.

Cuando vemos que una y otra vez, fracasamos, entonces llega EL ENFADO. Nos enfadamos con los demás, con la vida, y lo que es peor, con NOSOTROS MISMOS. El enfado nos lleva a sentirnos aún menos valiosos porque nos decimos cosas tales como: “si realmente fuese bueno, ya lo habría conseguido”; “fracaso porque no valgo”. Esta es la penosa forma en la que nos tratamos.

Imaginad a un niño en el cole. Lo que está explicando la profe no lo entiende, le cuesta. ¿Qué pasaría si la profesora comienza a exigir a ese niño? Esto ya lo tendrías que saber, no estas atento, así vas a suspender… este niño empezará a creer que no vale, que no es suficiente. ¿Imagináis todo lo que se desarrolla después?.

 

¿CÓMO ANULAR ESTE PROGRAMA DE EXIGENCIA?

 

Lo principal es LA ACEPTACIÓN. Tal y como soy ahora, ya soy muy valioso. No confundamos la exigencia con el ESFUERZO.

En el ejemplo del niño en el colegio. Cómo cambia el cuento si la profesora habla con ese niño y le dice: “sé que te cuesta un poco, pero, ¡no pasa nada!, juntos lo iremos comprendiendo. A veces las cosas no salen a la primera, pero, poniendo un poco de empeño, lo lograremos”.

Volver a nuestro niño interior y hablar con él desde el amor, es la clave para anular este programa y esta gran mentira de que para ser felices tenemos que llegar a ser algo que no somos ya.

Mariam Mascías Luna. Emerge Psicólogos