En la infancia, los niños aprenden en el seno familiar muy pronto lo que se espera de ellos. Cada niño se adapta a las normas familiares de una determinada manera. Hoy hablaremos de la adaptación de los «niños buenos».

Una niña o un niño buenos aprenden que lo que hay que hacer para que te quieran es COMPLACER a papá y mamá. Procuran obedecer y crear los mínimos problemas posibles. Al hacer esto, encuentran una ganancia: EL RECONOCIMIENTO. Los padres solemos cometer el error de reforzar mucho el «qué bueno eres». Los niños enseguida aprenden a hacer gracias, a llorar, a hacer lo que sea necesario si provocan en los otros una reacción rentable: Un reconocimiento afectivo. Si el niño no encuentra la forma de que le hagan caso, buscarán atención a cualquier precio siendo raros, suspendiendo, rebeldes, aislados…En el caso de los niños buenos, el dilema está en que lo que han aprendido a hacer en casa, que daba buenos resultados, no funciona en el mundo exterior cuando son adultos.

 

¿CÓMO ES LA PERSONALIDAD DE LOS ADULTOS EDUCADOS PARA SER BUENOS?

 

  • Tienen una opinión pobre de sí mismos al tiempo que ven a los demás siempre superiores. Admiran a aquéllos que son decididos, capaces de expresar lo que sienten realmente, los que «pisan fuerte». Su posición existencial es YO ESTOY MAL/ TÚ ESTÁS BIEN. En el fondo… tampoco tienen una buena opinión de los demás, ya que consideran que con lo bien que se portan ellos y todo lo que hacen, el exterior es desagradecido y se aprovecha de su bondad.
  • Son muy sensibles a las opiniones de los demás y suelen dudar mucho y preguntar a mucha gente cada vez que tienen que decidir algo. Su conflicto descansa en su sentimiento de inferioridad.
  • Como buscan complacer a los demás para que les quieran, hacen muchas acciones que no corresponden a lo que realmente quieren hacer. Niegan esa parte de sí mismos porque les cuesta mucho autoafirmarse.
  • Al no ser auténticos y no permitirse ser quiénes son, alimentan una rabia interna que a veces vuelcan en los demás de manera pasiva.
  • Como interiormente está el «niño bueno», se ven incapacitados para resolver adecuadamente conflictos sociales como: críticas, reproches, burlas, peticiones, desacuerdos, exigencias, discusiones, etc. Estas situaciones les provocan mucho dolor, ya que a un niño bueno no se le permite criticar, expresar un reproche, estar en desacuerdo, pedir…piensan que los que hacen esto son malos, no como ellos que son buenos.
  • Tienen muchas dificultades para la vida, ya que no entienden como algo natural las diferencias individuales, un desacuerdo, una discrepancia, una discusión. Lo toman como falta de consideración o desamor por parte de los demás y eso es muy doloroso. Para evitar ese dolor suelen aislarse sentirse solos.

 

IDEAS DISTORSIONADAS DE LOS ADULTOS EDUCADOS COMO NIÑOS BUENOS

 

  • Si me piden me siento obligado y si me exigen, más.
  • Si pido, voy a obligar al otro y le haré sentir mal. Además si me quisieran sabrían lo que necesito y no haría falta pedirlo.
  • Si digo que no, pensarán que soy un egoísta.
  • Si digo que sí, pensarán que soy un interesado.
  • Si acepto… ¿qué me querrá sacar?
  • Si no piensa como yo, no me quiere o no me entiende porque no me escucha, no le intereso…
  • Si me critican es porque he decepcionado con lo cual no me quieren, me rechazan.
  • Si pregunto, me tomarán por tonto o se molestarán.
  • Si opino, quizá no tenga argumentos inteligentes para defender mi opinión y quedaré como un tonto. Pero si no opino, me evito problemas o, ¿pensarán que es que no tengo opinión?

Se complican la vida inútilmente ya que aprendieron de niños que había que evitar conflictos inevitables. Las consecuencias emocionales que sufrimos cuando lo que nos han enseñado una y otra vez no funciona son muy dolorosas y nos sentimos timados y resentidos.

 

¿CÓMO SALIR DEL NIÑO BUENO?

 

Lo primero es revisar nuestro sistema de creencias para salir del mecanismo huida- evitación o ataque- agresión ineficaz. Para ello se trabaja en asertividad con diferentes técnicas que nos ayuden a resolver los conflictos.

Trabajar el problema de la dependencia. Al no tener una base segura, se busca en los demás que nos den lo que nos falta en forma de seguridad, amor, aprobación… pero los demás fallan una y otra vez y seguimos acumulando resentimiento.

Trabajar la autonomía. Para ello tenemos que tomar responsabilidad sobre nuestras vidas y decisiones en un crecimiento donde YO me acojo, me apoyo y me guío en la vida. YO soy mi propio juez y me ocupo de conducir mi vida.

Mariam Mascías. Emerge Psicólogos