La autoestima o percepción evaluativa de uno mismo, es la clave para un desarrollo saludable de la salud mental. Durante los primeros años de vida, lo que experimentamos en nuestra familia, es clave para el buen desarrollo o el mal desarrollo de esta experiencia de encuentro con uno mismo.

En este proceso de autoconocimiento, nos formamos en base a lo que nos dicen que somos. El exterior es, por lo tanto, clave en nuestro auto-concepto.

¿CÓMO DESARROLLAR LA CLAVE DE LA FELICIDAD PARA NUESTROS HIJOS?

Tenemos unas edades claves en las que hacer más hincapié en la autoestima:

2-3 años:

Este es un momento esencial y clave para demostrar a nuestros hijos que les amamos por lo que son y no por lo que hacen. Es una edad donde el niño necesita sentirse aceptado, reconocido, protegido, pero sobre todo, necesita ver en sus padres la aceptación y el amor por TODO lo que es. El mensaje que podríamos dar es «tal y como eres, te amo y te acepto».

7 años:

En esta etapa crucial para el desarrollo de la autoestima, tenemos a niños que tienen una necesidad básica: SER ESCUCHADOS. Estamos en el momento en el que aprenden a valorar sus capacidades en los ojos de padres y profesores. El mensaje clave sería: «tomo en cuenta tus necesidades y aportaciones».

12-13 años:

Comienza una fase de separación de los padres y de cuestionar todo lo aprendido de ellos. Necesitamos cargarnos de paciencia y sobre todo, de límites. Importante no sobreproteger en esta etapa pero, conseguir hacer entender que nosotros como padres, tenemos la autoridad. El mensaje sería: «permito que seas diferente y hagas las cosas a tu manera, dentro de unos límites. Nosotros, los padres, somos los grandes y tú, eres el pequeño».

Que los padres tomemos contacto con el niño que fuimos:

La autoestima se forma a través de lo que nuestros padres nos transmiten. A través de lo que nos dicen y, sobre todo de LO QUE NO NOS DICEN. El lenguaje no verbal es mucho más potente que las palabras y prevalece frente a ellas. Por mucho que queramos usar los «consejos y trucos» para fomentar la autoestima, lo que a tu hijo le va a llegar es lo que verdaderamente siente tu niño interior.

Lo primero es esencial preguntarnos a nosotros mismos:

¿Cómo me sentía cuando era pequeño con respecto a mis capacidades?, ¿me respetaba?, ¿me tomaba en cuenta o por el contrario intentaba complacer a los demás?. ¿Qué recuerdo de los mensajes que mis padres me transmitían?, ¿creía en mi, en poder lograr mis metas?, ¿me daba miedo exponerme a las críticas de los demás?. ¿Mi padre, mi madre, se tenían en cuenta, se sentían seguros de sí mismos?… Hay una larga lista de preguntas y un trabajo interior de introspección que hay que hacer para poder llegar a SENTIR las respuestas.

Debemos entender, que por mucho que queramos usar las técnicas de que disponemos para aumentar la autoestima en nuestros niños (elogiar sus logros, enfocarnos en lo positivo, en sus fortalezas, tomar en cuenta cómo se sienten, escucharles, no compararles etc), lo que realmente les va a llegar es LA AUTOESTIMA QUE TIENES TÚ.

Por eso es tan importante cuando tenemos a un niño en consulta con baja autoestima, trabajar la autoestima de los padres, pero no desde lo que son hoy, sino desde lo que fueron cuando eran pequeños. Nuestros niños heridos permanecen con nosotros hasta que volvemos a contactar con ellos y los sanamos desde el amor hacia nosotros mismos. Cuando conseguimos esto, nuestros hijos como por arte de magia, empiezan a creer en sí mismos, empiezan a sentirse seguros. La seguridad en nuestros hijos parte de las raíces familiares y el respeto por uno mismo. Ese respeto se refleja en cómo tratamos a los demás. Si no respeto a los demás es porque no me respeto a mí mismo. Si trato mal a los demás es porque me trato mal a mí mismo. Si no logro amarme a mí mismo, no puedo pedir que mis hijo sí lo hagan. Esta es la clave fundamental para generar autoestima, pero a nadie le gusta reconocerlo porque eso supone dejar de poner el problema en nuestros hijos para focalizar el problema donde realmente está: EN NUESTRA FALTA DE AMOR.

Mariam Mascías. Emerge Psicólogos